Contratar un servicio de transporte internacional no es tan fácil como pedir una pizza. Aquí hablamos de plazos, aduanas, documentos, seguros, normativas… y un error puede salir muy, pero muy caro. Por eso, si estás a punto de enviar mercancía fuera de tu país (o traerla), este artículo es para ti.

A continuación, te contamos los errores más comunes que cometen las empresas al contratar un transporte internacional… y lo más importante: cómo evitarlos.

No definir bien el tipo de transporte que se necesita

Uno de los errores más frecuentes es elegir el medio de transporte por intuición o por precio, sin tener en cuenta el tipo de mercancía, los tiempos de entrega o las restricciones de cada país.

¿Ejemplo real? Una empresa que envía productos perecederos por transporte marítimo para ahorrar costes… pero la mercancía llega caducada.

Consulta con tu operador logístico las ventajas y desventajas de cada modalidad: marítima, aérea, terrestre o multimodal. El mejor transporte no siempre es el más barato, sino el más adecuado para tu producto.

Ignorar los Incoterms

Los Incoterms (International Commercial Terms) determinan quién paga qué, quién asume riesgos y hasta dónde llega la responsabilidad de cada parte. Ignorarlos es como firmar un contrato sin leer la letra pequeña.

¿Qué puede pasar? Que creas que el proveedor se encarga de todo y resulta que el contenedor se queda parado en el puerto…

Aprende al menos los Incoterms más usados (FOB, CIF, EXW, DDP…) o asegúrate de que tu empresa de transporte te los explique con ejemplos claros. ¡Evita las sorpresas en la aduana!

No contratar un seguro adecuado

Sí, los contenedores se pierden. Los buques se retrasan. Las cargas se dañan. No es común, pero cuando pasa, duele… y mucho.

Muchos empresarios piensan: “Para qué pagar un seguro, si nunca pasa nada”. Hasta que pasa.

Contrata siempre un seguro de carga ajustado al valor real de tu mercancía y al tipo de transporte. Pregunta si es un seguro básico de responsabilidad o un seguro todo riesgo. La diferencia es como la de un paraguas roto y un tejado.

No preparar correctamente la documentación

Aquí no vale eso de “te lo mando por WhatsApp”. En el transporte internacional, la documentación es sagrada: factura comercial, packing list, conocimiento de embarque, certificado de origen, licencias especiales…

Un solo papel mal redactado puede paralizar un envío durante días (o semanas).

Trabaja con un operador logístico que revise y gestione la documentación contigo. Asegúrate de que todo esté alineado: datos, valores, pesos, códigos arancelarios… Y recuerda que cada país tiene sus peculiaridades.

Confiar en empresas sin experiencia ni red internacional

El “cuñadismo logístico” existe. Y es peligroso. Confiar en la empresa más barata sin comprobar su experiencia, referencias o capacidad operativa es como subirse a un avión pilotado por un aficionado a los simuladores.

Investiga. Pide casos de éxito. Verifica si tienen agentes locales en el país de destino, si ofrecen trazabilidad, si hablan tu idioma y si te explican el proceso de forma transparente.

No tener en cuenta los tiempos reales

Muchas empresas planifican con el plazo mínimo teórico, sin margen para retrasos. Y claro, cuando el barco no sale o la aduana se pone quisquillosa, todo el calendario se viene abajo como fichas de dominó.

Sé realista. Agrega un colchón de tiempo en tu planificación. Y si tu envío es urgente, apuesta por transporte aéreo o exprés. Mejor prevenir que perder clientes por retrasos.

No adaptarse a las normativas del país de destino

Cada país tiene sus propias leyes, restricciones y manías. Puede que en tu país algo sea perfectamente legal, pero en el de destino sea más complicado que montar un mueble de IKEA sin instrucciones.

Antes de enviar, infórmate sobre los requisitos específicos del país receptor. ¿Se necesita una licencia de importación? ¿Qué normas de etiquetado hay? ¿Qué productos están restringidos o prohibidos?

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